Carmaviba encuentro en oración

Cuaresma

Cuaresma, Camino hacia la Pascua

Miércoles de ceniza.

Con la imposición de las cenizas, se inicia una estación espiritual particularmente relevante para todo cristiano que quiera prepararse dignamente para la vivir el Misterio Pascual, es decir, la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor Jesús.

Este tiempo vigoroso del Año Litúrgico se caracteriza por el mensaje bíblico que puede ser resumido en una sola palabra: "metanoeiete", es decir "Convertíos". Este imperativo es propuesto a la mente de los fieles mediante el rito austero de la imposición de ceniza, el cual, con las palabras "Convertíos y creed en el Evangelio" y con la expresión "Acuérdate que eres polvo y al polvo volverás", invita a todos a reflexionar acerca del deber de la conversión, recordando la inexorable caducidad y efímera fragilidad de la vida humana, sujeta a la muerte.

La sugestiva ceremonia de la ceniza eleva nuestras mentes a la realidad eterna que no pasa jamás, a Dios; principio y fin, alfa y omega de nuestra existencia. La conversión no es, en efecto, sino un volver a Dios, valorando las realidades terrenales bajo la luz indefectible de su verdad. Una valoración que implica una conciencia cada vez más diáfana del hecho de que estamos de paso en este fatigoso itinerario sobre la tierra, y que nos impulsa y estimula a trabajar hasta el final, a fin de que el Reino de Dios se instaure dentro de nosotros y triunfe su justicia.

Sinónimo de "conversión" es así mismo la palabra "penitencia"... Penitencia como cambio de mentalidad. Penitencia como expresión de libre y positivo esfuerzo en el seguimiento de Cristo.

Tradición:
En la Iglesia primitiva, variaba la duración de la Cuaresma, pero eventualmente comenzaba seis semanas (42 días) antes de la Pascua. Esto sólo daba por resultado 36 días de ayuno (ya que se excluyen los domingos). En el siglo VII se agregaron cuatro días antes del primer domingo de Cuaresma estableciendo los cuarenta días de ayuno, para imitar el ayuno de Cristo en el desierto.

Era práctica común en Roma que los penitentes comenzaran su penitencia pública el primer día de Cuaresma. Ellos eran salpicados de cenizas, vestidos en sayal y obligados a mantenerse lejos hasta que se reconciliaran con la Iglesia el Jueves Santo o el Jueves antes de la Pascua. Cuando estas prácticas cayeron en desuso (del siglo VIII al X), el inicio de la temporada penitencial de la Cuaresma fué simbolizada colocando ceniza en las cabezas de toda la congregación.

Hoy en día en la Iglesia, el Miércoles de Ceniza, el cristiano recibe una cruz en la frente con las cenizas obtenidas al quemar las palmas usadas en el Domingo de Ramos previo. Esta tradición de la Iglesia ha quedado como un simple servicio en algunas Iglesias protestantes como la anglicana y la luterana. La Iglesia Ortodoxa comienza la cuaresma desde el lunes anterior y no celebra el Miércoles de Ceniza.
Significado simbólico de la Ceniza:
La ceniza, del latín "cinis", es producto de la combustión de algo por el fuego. Muy fácilmente adquirió un sentido simbólico de muerte, caducidad, y en sentido trasladado, de humildad y penitencia. En Jonás 3,6 sirve, por ejemplo, para describir la conversión de los habitantes de Nínive. Muchas veces se une al "polvo" de la tierra: "en verdad soy polvo y ceniza", dice Abraham en Gén. 18,27. El Miércoles de Ceniza, el anterior al primer domingo de Cuaresma (muchos lo entenderán mejor diciendo que es le que sigue al carnaval), realizamos el gesto simbólico de la imposición de ceniza en la frente (fruto de la cremación de las palmas del año pasado). Se hace como respuesta a la Palabra de Dios que nos invita a la conversión, como inicio y puerta del ayuno cuaresmal y de la marcha de preparación a la Pascua. La Cuaresma empieza con ceniza y termina con el fuego, el agua y la luz de la Vigilia Pascual. Algo debe quemarse y destruirse en nosotros -el hombre viejo- para dar lugar a la novedad de la vida pascual de Cristo.

Mientras el ministro impone la ceniza dice estas dos expresiones, alternativamente: "Arrepiéntete y cree en el Evangelio" (Cf Mc1,15) y "Acuérdate de que eres polvo y al polvo has de volver" (Cf Gén 3,19): un signo y unas palabras que expresan muy bien nuestra caducidad, nuestra conversión y aceptación del Evangelio, o sea, la novedad de vida que Cristo cada año quiere comunicarnos en la Pascua.

Cuaresma.

Año litúrgico: Es la ordenación que la Iglesia hace del tiempo a lo largo del año para celebrar los misterios del Señor. Vivimos el Adviento y Navidad. Cuaresma, Tiempo Pascual y Tiempo ordinario.

Significado de la palabra: Del latín "guadragesima dies"; (cuarenta días antes de la Pascua). Tiempo fuerte de preparación a la Pascua. Desde el Vaticano II comienza el miércoles de ceniza y llega hasta el inicio del Triduo Pascual, el Jueves Santo, con la cena del Señor. La cuaresma se caracteriza por ser un tiempo penitencial, centrado en la Palabra de Dios, en la oración, abstinencia, el ayuno y la conversión hacia Dios y los hermanos. Se omite el aleluya y se pide sobriedad en la decoración.

El origen de la Cuaresma: La Cuaresma nace y se desarrolla en función de la Pascua. Primero fue la Pascua. Difícil de precisar la fecha, posible mediados de siglo II, donde el Domingo comenzó a ser pascual anual, aniversario de la resurrección de Cristo.

La cuaresma comenzó embrionariamente con un ayuno comunitarios de dos días de duración; viernes y sábado santos, que con el domingo de pascual formaron el triduo pascua!. Este ayuno era sacramental más que ascético, tenía un sentido pascual (participación en la muerte y resurrección de Cristo) y escatológico (espera de la vuelta del Esposo arrebatado momentáneamente por la muerte)

A mediado del siglo la cuaresma se prolonga a tres semanas por razones pastorales prácticas: La preparación de los catecúmenos "competentes"; que serán bautizados en la Noche de Pascua. Para ello se elaboran unos formularios bautismales, que darán lugar a los escrutinios, con tres textos de San Juan: La Samaritana (el agua) la curación del ciego de nacimiento (la luz) y la resurrección de Lázaro (la vida).

Durante el siglo V se prolonga a cinco semanas por razones pastorales. La preparación de los penitentes, que serían reconciliados con la Iglesia en las vísperas de la Pascua. El triduo pascual primitivo que era el Viernes, Sábado y Domingo, incluyó como pórtico, el jueves santo, día de reconciliación de penitentes y de la cena eucarística. Y como la reconciliación de los penitentes era el jueves santo, se contaron cuarenta días previos de ayuno, de tal modo que la cuaresma empezó justamente el miércoles de ceniza, ya que los domingos no eran días de ayuno.

Resumiendo: La pascual el centro de la cuaresma. Todo se organiza en función de la Pascua. La cuaresma es el medio de preparación, y no un fin en sí misma.

- La iniciación de los catecúmenos al bautismo y la reconciliación de los pecadores públicos y arrepentidos en el marco de la pascua.

- Junto con la preparación de toda la comunidad a la gran fiesta de la pascua.

- Hacen que la Cuaresma no es exclusivamente un tiempo litúrgico, sino un período decisivo de la acción pastoral.

- A partir de la Edad Media la Cuaresma entra en crisis, que va a perdurar hasta nuestros días. Las razones son los siguientes:

* La época de cristiandad hace que desaparezca el catecumenado (bautismo de adulto)
* También desaparece el itinerario penitencial (o de la reconciliación pública de los pecadores)
* Los leccionarios y los oracionales no son entendibles por el pueblo cristiano; simultáneamente aparecen devociones de piedad que hacen que la cuaresma se entiende y se viva de otra manera.

El Vaticano II supone un volver al origen de la cuaresma:

Especialmente en los números de la S.C. 109-110, ha resaltado este tiempo su sentido bautismal y de conversión por medio de un nuevo leccionario bíblico. El ritual de la iniciación cristiana de adultos denomina a esta etapa "tiempo de purificación y de iluminación" o "segundo grado de la iniciación". Tan importante como purificar al ser humano de sus injusticias y pecados es iluminarlo en el camino de la fe.

¿Por qué son 40 días?

Cuarenta del latín "guadraginta" o "guattuor", significa en al algunas religiones un período de retiro, silencio, ayuno, abstinencia e iniciación ritual para favorecer la experiencia de Dios, y la comunión con los hermanos.

- En el lenguaje popular "cantarle las cuarenta" a alguien es decirle cuatro verdades; "ponerlo en cuarentena" es someter a una persona a una prueba. Cuarentena a secas es un tiempo de observación de alguien para conocerlo antes de admitirlo con confianza o de aislamiento por padecer alguna enfermedad contagiosa para verificar su curación.

- En la Biblia, cuarenta equivale a retiro en el desierto como tiempo de prueba y de tentaciones, que deben ser dominadas antes de emprender una misión. De hecho cuarenta es el número de días que duró el diluvio, los años de marcha hacia la tierra prometida, los días de estancia de Moisés en el Sinaí y de Elías en el monte Horeb, los de los habitantes de Nínive para que se conviertan, los del retiro de Jesús en el desierto.

- La cuaresma es el conjunto de cuarenta día simbólicos de retiro cristiano como preparación pascua. Empieza el miércoles de ceniza y acaba el jueves santo, antes de la celebración de la Cena del Señor. Si contamos desde el miércoles de ceniza hasta el jueves santo, salen cuarenta y cuatro días. Como son días de ayuno, si quitamos los seis domingos (que no son días de ayuno) y añadimos los ayunos del Viernes y del Sábado Santo que pertenecen ya al Triduo Pascual, salen los cuarenta días de ayuno que dura la cuaresma.

La variación de la fecha de la celebración de la Pascua (Semana Santa):

El pueblo hebreo sigue el candelario lunisolar, que se basa tanto en el ciclo de la Tierra alrededor del Sol (año), como en el de laLuna al rodear a la Tierra (mes).

El pueblo hebreo celebra la Pascua (Pésaj), el 14 de Nisán, su primer mes del año (Cf Ex 12,2), que corresponde a mes de Marzo o abril, coincidiendo con la primera luna llena, que corresponde aproximadamente con la segunda mitad de marzo y la primera de abril. Instituida hace más de 3000 años, la comunidad judía celebra la liberación del pueblo hebreo de la esclavitud en Egipto (Cf. Ex 14 y Dt 16, 1-8).

La Iglesia celebra la Pascua de Resurrección:

El domingo siguiente a la pascua judía. En el año 194, el papa San Víctor I determinó porque la fiesta judía podía caer en cualquier día de la semana, insistiendo en el domingo como día de la Resurrección.

La fecha del día de la Pascua varia según la primera luna llena de primera, que suele caer entre el 21 de Marzo y el 22 de Abril. Así se determinó en el Concilio de Nicea, en el año 325, según la cual la Pascua se celebraría el primer domingo tras la luna llena que sigue al equinoccio de primavera (“equinoccio” es un día del año en el que el día y la noche tienen la misma duración. Esto sucede dos veces al año, en primavera y en otoño).

Los domingos de cuaresma:

Con la reforma litúrgica del Vaticano II, la cuaresma ha recobrado el espíritu que tuvo a partir del siglo IV, cuando se organizó el catecumenado de una forma estable. La Iglesia a partir de los textos de los domingos, nos ofrece un itinerario de maduración de la fe. Si nos fijamos en cada domingo son unas catequesis que ayudan a renovar el espíritu del Bautismo, a revisar nuestra vida, a caminar según quiere el Señor. Por ejemplo:

- Las tentaciones. Situado entre el Bautismo de Jesús y el comienzo de misión pública. El Desierto lugar para oír la voz de Dios, el silencio para percibir al Espíritu en el interior. Las tentaciones, afectan a toda la persona. Vivir desde la pan o la palabra; el fracaso aparente o el poder; aceptar el mal en la vida y sus consecuencias o vivir desde Dios.

- La transfiguración. Jesús, se lleva a Pedro, Santiago y su hermano Juan. Allí, viven una experiencia gratificante, la confirmación de quién es Jesús, y de lo que le esperan.

- La Samaritana. El don del agua (referencia bautismal) Dame de beber.

- El ciego de nacimiento. (luz). Para tener autonomía, ver las cosas, y andar por el camino.

- La resurrección de Lázaro (vida). La vida y todo lo que conlleva.

Las prácticas cuaresmales:

- Imposición de la ceniza. Con el miércoles de ceniza comienza la cuaresma. En el A.T. significa pecado y fragilidad humana, ya que es perecedera y no tiene valor. También expresa aflicción, humildad y penitencia. Pues cubrirse la cabeza con ceniza es signo de duelo o de dolor, de rechazo del pecado y de confianza en la misericordia de Dios. Ya en el siglo VII los penitente públicos se presentaba a los sacerdotes confesaban y se recibían un vestido de cilicio impregnado de ceniza. Esto se impuso para toda la iglesia a partir del siglo XII. La ceniza se obtiene de la cremación de los ramos y palmas bendecidas el domingo de ramos anterior.

* Imponiéndose la ceniza estamos reconociendo públicamente la condición frágil y pecadora del ser humano.

* Hay dos fórmulas de imponerlas. Una donde se decía: "Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás" (GN 3,19); significando la brevedad de la vida, la muerte y el juicio. Ahora se nos dice: "Conviértete y cree en el evangelio" (Cf. Mc. 1,15), significando el arrepentimiento y la conversión.

* La ceniza que es resto de un fuego purificador y protección de rescoldos. Simboliza la precariedad de la vida y la resurrección, que se producirá a partir de nuestras cenizas. Es inicio de nueva vida. Dejándonos marchar la frente, es un modo de reconocer nuestros pecados, y de manifestar que deseamos emprender una vida nueva. Por eso, la ceniza recibida, es signo de conversión, petición de perdón y confianza en Dios.

* Vía crucis. Literalmente, el camino de cruz equivale al recorrido que hizo Jesús desde el pretorio de Piloto al Gólgota. Surgió como devoción cuando el pueblo cristiano comenzó a seguir en espíritu el mismo trayecto de Jesús, deteniéndose en varias estaciones. San Bernardo y San Francisco de Asís son divulgadores de esta devoción, que posteriormente los franciscanos extendieron en Europa entre los siglos XIV y XV. Se trata de ver, sentir y oír en comunión con el Cristo e la pasión. El vía crucis tradicional se compone de 14 estaciones. En el año 1991, en el coliseo romano, Juan Pablo II, se sustituyeron estaciones que no figuraban en los evangelios. Hoy, termina con la decimoquinta estación, la resurrección de Jesús.

* Ayuno, oración y limosna. Sirven para ayudar a conversión personal y a la reconciliación de cara al crecimiento del reino de Dios. En su origen se entendieron como caridad con Dios (oración) con el prójimo (limosna) y consigo mismo (ayuno), para contrarrestar la soberbia, la codicia, la sensualidad. El ayuno consiste en comer poco durante el día y abstenerse de ciertos manjares, que se hace el miércoles de ceniza y el viernes santo, puede tener diversos significados: Signo de caridad fraterna; nos privamos para dar, compartir. Es la expresión de nuestra comunión con el otro. Frases como "EI sacrificio que yo quiero, es este: que parta tu pan el hambriento"; "Lo que me hicisteis ... a Mí me lo hicisteis"; Viernes semana de ceniza . Es signo de conversión, del "hambre" de la Palabra de Dios "Convertíos a mi de todo corazón con ayuno..." Miércoles de ceniza primera lectura. Es como decir que el alimento de este mundo no es suficiente para calmar el hambre que la persona tiene de Dios, como lo único necesario y absoluto.

* La limosna. Un hecho que expresa el compartir con los demás. En la Biblia, la limosna aparece unida a la misericordia, ya que es manifestación compasiva de una persona ante a desgracia de otra.

* Oración. Como momento para estar con Dios, y descubrir su amor hacia nosotros. Para ello, es necesario sacar tiempos de silencio, leer la palabra de Dios, mirar la vida con actitud contemplativa (dejando que lo que vemos nos cale, se meta dentro de nosotros, nos interpele)

Objetivos pastorales de la cuaresma:

Es un tiempo de reiniciación cristiana, de penitencia y de reconciliación y de retiro para aumentar la fe, reavivar la esperanza y acrecentar la caridad.

La reiniciación cristiana. El domingo tercero, cuarto y quinto de cuaresma, sobre todo el ciclo A (San Juan) muestra el carácter de iniciación y maduración que debe tener la vida cristiana. La cuaresma tiene un carácter bautismal sobre el que se funda su sentido penitencial.

La reconciliación de pecadores. Se comienza con el signo del miércoles de ceniza, se hacen celebraciones de la penitencia (arrepentirse: no de pena) . De hecho penitencia que traduce el vocablo metanoia, significa meta (cambio) nous (mentalidad) que traducido a nuestra lengua es conversión (vuelta o giro) En el fondo se trata de que el pecador se arrepienta, decida abandonar su vida de pecado, para volver a Dios.

Manolo.M.Córdoba

Los pilares de la Cuaresma: Oración, Limosna y Ayuno.

El discurso con que Nuestro Señor inaugura su predicación, llamado Sermón de la montaña, empieza por la enunciación de las Bienaventuranzas. El Maestro enseña allí cómo debemos ser los cristianos. El Evangelio ha de sustituir el egoísmo por la caridad que santifica. La perfección no consiste tan sólo en la exactitud en el cumplimiento de todos nuestros deberes, sino en el amor que pongamos en nuestras obras, es decir, dependerá de la intención que tengamos al obrar. Jesús toma como ejemplo para explicárnoslo tres «obras de justicia», con lo cual entendemos, obras que «justifican» al hombre conforme al juicio de Dios: la limosna, la oración y el ayuno. El pueblo judío las observaba desde hacía siglos, y así pasaron con toda naturalidad a las costumbres del pueblo cristiano. Y cada año la Iglesia nos recuerda su obligatoriedad durante la Cuaresma.

Como señalamos anteriormente lo que califica una acción es la intención del agente y cabe señalar que Jesús nos enseña cuáles son las únicas disposiciones gratas a Dios: «...en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará»

«Que tu limosna sea oculta. Ora a tu Padre, que está en lo secreto. Cuando ayunes... que no vean los hombres que ayunas, sino tu Padre , que está en lo secreto»

Podríamos preguntarnos si no debe ser nuestro cristianismo un testimonio; y a esto respondemos que vivir como cristianos es, en cualquier circunstancia, profesar nuestra fe. Y aunque esto no fuera un deber, el verdadero fiel necesitaría hacer compartir a los demás sus convicciones y entusiasmo. Es mejor que miremos a nuestro modelo: Jesús fue un silencioso.

Y para iluminar a los demás, Jesús no cuenta con nuestras ostentaciones sino con nuestra vida interior. El apostolado no es una actitud, sino una irradiación, la irradiación de una llamada interior.

No es necesario que hagamos ruido y que nos vean por todas partes , ni que se hable de nosotros. Allá donde Dios nos haya situado, en nuestro hogar, entre los múltiples trabajos cotidianos, en nuestro despacho, en el trabajo, en la cocina, en la oscuridad de nuestras jornadas, en lo secreto, como ya hemos escrito, podemos glorificar a Dios y servir a nuestros hermanos, lo cual es vivir como cristianos.

Limosna:

«Cuando des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha» (Mt 6, 2-3)

Etimológicamente, la limosna designa un sentimiento de compasión y el ímpetu que nos lleva a aliviar a todo el que tiene una pena. Desde la parábola del buen samaritano, un discípulo de Cristo no puede pasar indiferente al lado de un hombre que sufre.

Como dijimos, el valor de nuestras acciones reside en la intención que nos mueve a obrar. Es notable que Jesús tilde de hipócrita a esa gente religiosa que realiza obras buenas para ser vistas por los hombres. Podríamos calificar de hipócrita a aquel que desempeña un papel y lleva una máscara. San Agusín decía: «...Cuanto menos tengamos obligación de dar algo a alguien, más desinteresado será nuestro afecto. Lo que tenemos que querer para el que amamos es que sea nuestro igual.»

El Evangelio extendió la exigencia de la caridad hasta querer y hacer a los demás el bien que deseamos para nosotros mismos.

San Gregorio Magno nos dice: «Quien distribuye sus bienes temporales no abandona más que las cosas exteriores a él, pero quien da su compasión al prójimo le da algo de sí mismo.»

La caridad limosnera no consiste sólo en aliviar la desgracia ajena, sino ante todo, en compartir su sufrimiento. Para el cristiano, la caridad comienza a partir del momento en que se priva o se empobrece por los demás. Por eso el Padre celestial es el único que lo ve, allá en lo secreto.

La limosna cristiana es el encuentro de dos manos que se tienden una hacia otra, la mano de dos hermanos que se juntan, el más emocionado y el más dichoso de los cuales no es el que recibe, sino el que da más que un deber es una necesidad de nuestro corazón con respecto a los que sufren.

En efecto, ¿puedo pensar fríamente que existen cerca de mí unos seres humanos, honrados y trabajadores como yo, hijos de Dios como yo, y que no están seguros del mañana, o que hoy están pasando hambre? ¿Que hay cerca de mí familias enteras amontonadas en cuchitriles indignos, imposibles de mantener limpios, y que ven llegar aterrados el final de cada mes; que hay niños que no pueden crecer, madres que no pueden criarlos, ancianos que acaban en la indigencia una vida laboriosa? ¿Por qué ellos y no yo? Hay hombres como yo, que trabajan para procurarme el alimento, el vestido, todo lo que me hace falta. ¿Voy a limitarme a acusar los defectos de la sociedad y de los poderes públicos, cuando puedo, por poco que sea, aliviar su sufrimiento y su inquietud?

Hay cerca de nosotros seres enfermos que han perdido toda esperanza de curación. ¡Y no va a oprimirse nuesro corazón ante este pensamiento!

Cerca de nosotros hay hogares rotos, seres traicionados y abandonados, que maldicen una vida demasiado cruel...

Ni nuestra conciencia ni nuestro corazón podrán estar tranquilos en tanto no hayamos participado en su desgracia, en tanto no les hayamos dado una parte de la dicha de que gozamos. Y cualquiera que sea la manera como nuestra compasión se manifieste: don material, don de nuestro tiempo, don de nuestra amistad, todas esas formas de la limosna cristiana serán una obra de justicia fraterna.

La suma de dolores que caen sobre tantos de nuestro semejante, acaba uno por asombrarse de ser dichoso y casi por reprochárselo

Oración:

Después de exhortar a la práctica de la ayuda fraterna, Nuestro Señor aborda el tema de la oración, y lo presenta bajo el mismo aspecto: «...Cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en pie en las sinagogas y en los cantones de las plazas, para ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya recibieron su recompensa.» (Mt. 6, 6)

A sus ojos el valor de la oración , como el de la limosna , depende ante todo de su espontaneidad. No se ora en cumplimiento de órdenes, porque sea la hora; se ora porque se ama, para encontrar a Dios, que es Amor.

El cristiano no ora sólo para llamar a Dios en su socorro, sino que, ante todo, tiene necesidad de expresar a Dios su alabanza, su admiración, su reconocimiento, de actualizar su orgullo y su alegría, de estarle unido. Querrá así orar con la mayor frecuencia posible, en medio de sus ocupaciones.

Nuestro trabajo puede ser un modo de glorificar a Dios, si se lo ofrecemos de una manera explícita. Sin embargo, la oración, para merecer este nombre, supone un breve alto durante el cual, como escribe Santiago, os acercáis a Dios, y Él se acerca a vosotros. Y de hecho los cristianos que piensan a menudo en Dios durante la jornada son los que consagran cada día algún tiempo a la oración propiamente dicha.

Podríamos hacer una comparación: el equivalente para el alma de lo que las comidas son para el cuerpo son los momentos consagrados positiva y exclusivamente a la oración.

«Tú cuando ores...» Jesús nos deja total libertad en lo que se refiere a la cantidad, la duración y el horario de nuestras oraciones, con tal que oremos cada día. No habré de orar «porque sea la hora», pero como la oración es para mí tanto un deber como una necesidad, le reservaré libremente en mi jornada determinados momentos.

Encontramos a Dios en el secreto de la oración y es, primero, para adorarlo, darle gracias e implorar su perdón. Pero al mismo tiempo que nosotros nos abrimos a Él, Dios se revela a nosotros; responde a nuestras invocaciones y nos pide que acojamos las suyas. La oración nos hace entrar así en su pensamiento y nos permite exponerle filialmente nuestras necesidades. Y cabe señalar que nuestra oración ha de ser confiada, sabiendo que nuestro Padre conoce todas nuestra necesidades y que vendrá en nuestra ayuda.

«Qué padre entre vosotros , decía Jesús, si el hijo le pide un pan le dará una piedra?¿O si le pide un pez le dará en vez de un pez una serpiente?. Si vosotros, pues siendo malos, sabéis dar cosa buenas a vuestros hijos, ¿cúanto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden» (Lc. 11, 11-13)

Ayuno:

«Cuando ayunéis no aparezcáis tristes» (Mt. 6, 16)

El Maestro quiere que la vida de sus discípulos esté centrada sobre Dios solo, en el secreto de su alma, sin otra intención que la de glorificarlo por su obediencia. El Padre que ve en lo secreto ha de ser el único testigo de sus renunciamientos. Y Jesús toma como ejemplo el ejercicio del ayuno.

A diferencia de la oración el ayuno no es un fin en sí , sino tan solo un medio. El valor de las privaciones corporales depende de esa penitencia interior, de la cual son la expresión y que sólo Dios conoce.

La práctica del ayuno se encuentra en la mayoría de las religiones de la antigûedad. Se enlaza con la idea general de sacrificio, por la cual el hombre atestigua que reconoce la soberanía de Dios. Todo lo que posee viene de El. Y debe darle gracias por ello. Se privará con este fin del fruto de su trabajo y llevará al altar las primicias de sus cosechas, o bien inmolará el cordero más hermoso de su rebaño. Pero de todos los bienes que Dios le ha colmado, el más preciado es el de su propia vida. Es evidente que el hombre no ha de aniquilarla, pero absteniéndose de los alimentos confiesa que Dios es el único dueño de su vida y que él vuelve a ponerla entre sus manos.

El hombre pecador manifiesta sensiblemente el arrepentimiento de sus culpas.

¿Comer y beber? No se tienen ganas de hacerlo cuando se está con pena. Del mismo modo cuando nos percatamos de que nuestros pecados son negativas de amor, debemos estar sinceramente afligidos de haber respondido tan mal a la bondad del Padre que nos habla.

No parece que ningún ayuno fuera instituido por los Apóstoles. Sin embargo, vemos que recurrieron a él en graves circunstancias, como para volverse más dóciles a la acción del Espíritu Santo.

Molestarse por los demás sin que éstos se den cuenta. No estar del todo bien para que ellos estén un poco mejor. Pero eso en el secreto. Que sólo Dios lo sepa. Y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

¿Cuál es el fundamento de todo esto? Una frase de Nuestro Señor nos iluminará: «Mi Padre es el viñador. Todo sarmiento que en Mí no lleve fruto, lo cortará; y todo el que de fruto, lo podará para que de más fruto.»

La mortificación puede aparecer a una mirada superficial como una medida relativa, como un esfuerzo inútil; pero en realidad contribuye al mejoramiento de nuestra vida espiritual.

El Sentido de la Cuaresma.

1.- Cuando se plantea la cuestión de qué significa la cuaresma para la gente, si es que significa algo, suele aparecer la observancia (generalmente ligera) de algunas prácticas, como el ayuno, la abstinencia y la ceniza. Frecuentemente, no se le ve el sentido. Sin embargo, más antes que ahora, el asunto crea problemas de conciencia. Tales situaciones hacen actual la pregunta de Jesús: ¿También vosotros estáis sin entender? (Mc 7,18).
2.- De suyo, el ayuno consiste en privarse de todo alimento y de toda bebida durante uno o varios días. Por tanto, lo que nos encontramos son ayunos menores, mitigados por frugales colaciones, de las que se dice que no rompen el ayuno. Así, en la interpretación oficial, el ayuno supone hacer una sola comida al día, pero se puede hacer un sencillo desayuno y otra sencilla comida, además de la principal. La abstinencia se refiere a no comer carne, u otro alimento determinado por la conferencia episcopal (CDC, c. 1251).
3.- En las grandes religiones (por diversos motivos: ascesis, purificación, luto, oración, limosna) el ayuno ocupa un puesto importante. En el Islam es el medio por excelencia de experimentar la trascendencia divina. En el judaísmo se observa un gran ayuno el día de la expiación (Hch 27,9). Su práctica es condición de pertenencia al pueblo de Dios (Lv 23,29). Se ayuna para que Dios lo vea (Is 58,3-5). Los judíos piadosos lo hacen por devoción personal (Lc 2,37); algunos, dos veces por semana (l8,12). Hay quienes ayunan para ser vistos por los hombres (Mt 6,16-18). En los Hechos de los Apóstoles se mencionan celebraciones acompañadas de ayuno y oración (Hch 13,2-3;14,23).
4.- El Catecismo de la Iglesia Católica (1992) recuerda el mandamiento de "ayunar y abstenerse de comer carne cuando lo manda la Santa Madre Iglesia”: “asegura los tiempos de ascesis y de penitencia que nos preparan para las fiestas litúrgicas; contribuyen a hacernos adquirir el dominio sobre nuestros instintos y la libertad del corazón" (n. 2043). ¿Y cuándo lo manda la Iglesia? En general, “son días y tiempos penitenciales todos los viernes del año y el tiempo de cuaresma” (CDC, c. 1250). Son días de abstinencia todos los viernes del año, a no ser que coincidan con una solemnidad. Son días de abstinencia y ayuno el miércoles de ceniza y el viernes santo (c. 1251). ). “La ley de la abstinencia obliga a quienes han cumplido catorce años; la del ayuno, a todos los mayores de edad, hasta que hayan cumplido cincuenta y nueve” (c. 1252). No obstante, “la conferencia episcopal puede determinar con más detalle el modo de observar el ayuno y la abstinencia, así como sustituirlos en todo o en parte por otras formas de penitencia, sobre todo por obras de caridad y prácticas de piedad” (c. 1253).
5.- ¿Cuál es la posición de Jesús? Los evangelios dicen que Jesús ayunó en el desierto, antes de comenzar su misión (Mt 4,2). Como Moisés (Ex 24,18) y como Elías (1 R 19,8), pasa cuarenta días, buscando la voluntad de Dios. Sin embargo, como práctica piadosa, Jesús no parece dar al ayuno demasiada importancia. En cierta ocasión, los fariseos y los letrados le dijeron: ¿Por qué mientras los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan, tus discípulos no ayunan? Jesús les contestó: ¿Pueden acaso ayunar los invitados a la boda mientras el novio está con ellos? Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán. Y añadió: Nadie cose un remiendo de paño sin tundir en un vestido viejo, pues de otro modo, lo añadido tira de él, el paño nuevo del viejo, y se produce un desgarrón peor. Nadie echa tampoco vino nuevo en pellejos viejos; de otro modo, el vino reventaría los pellejos y se echaría a perder tanto el vino como los pellejos: sino que el vino nuevo en pellejos nuevos (Mc 2,18-22). La práctica de la ceniza no aparece recomendada en el Evangelio. Al contrario: Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara (Mt 6,18).
6.- En otra ocasión, los fariseos y escribas le preguntan: ¿Por qué tus discípulos no viven conforme a la tradición de los antepasados, sino que comen sin lavarse las manos?. Les dice Jesús: Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, según está escrito: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. En vano me rinden culto, ya que enseñan doctrinas que son preceptos de hombres. Dejando de lado el precepto de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres. Llamó otra vez a la gente y les dijo: Oídme todos y entended. Nada hay fuera del hombre que, entrando en él, pueda contaminarle; sino que lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre.
7.- Ya en casa, sus discípulos le preguntan sobre la parábola. El les dice: ¿También vosotros estáis sin entender? ¿No comprendéis que todo lo que de fuera entra en el hombre no puede contaminarle, pues no entra en su corazón, sino en el vientre y va a parar al excusado? -así declaraba puros todos los alimentos-. Y decía: Lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas: fornicaciones, robos, asesinatos, adulterios, avaricias, maldades, fraude, libertinaje, envidia, injuria, insolencia, insensatez. Todas estas perversidades salen de dentro y contaminan al hombre (Mc 7,5-23). ¿Entendido?
8.- Así pues, lo que importa es la conversión. Se lee el primer viernes de cuaresma: Grita a plena voz, sin cesar, alza la voz como una trompeta, denuncia a mi pueblo sus delitos, a la casa de Jacob sus pecados... El ayuno que yo quiero es éste, dice el Señor: Abrir las prisiones injustas..., dejar libres a los oprimidos, romper todos los cepos, partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, vestir al que ves desnudo, y no cerrarte a tu propia carne (Is 58, 6-7).
9.- La cuaresma es tiempo de conversión. Según los casos, será inicial, fundamental o permanente. En los primeros siglos se distingue entre primera conversión (proceso bautismal) y segunda conversión (proceso penitencial). El Concilio Vaticano II invita a recuperar el doble carácter (bautismal y penitencial) del tiempo cuaresmal y a usar “con mayor abundancia los elementos bautismales propios de la liturgia cuaresmal” (restaurando, según las circunstancias, “ciertos elementos de la tradición anterior”), “dígase lo mismo de los elementos penitenciales” (SC 109).
10.- Desde el final del siglo IV, la estructura de la cuaresma es la de los cuarenta días. En ella se situaba la etapa final del catecumenado, de purificación o iluminación, que servía de preparación próxima al bautismo. Era tiempo de discernimiento (escrutinios), de superación de resistencias (exorcismos), de catequesis (entregas del Credo y del Padre Nuestro). Todo ello se realizaba en contexto comunitario, a la escucha de la Palabra y en ambiente de oración. Desde el siglo VI, al menos a gran escala, desaparece el catecumenado, el marco en el que se situaba la cuaresma y en el que puede volver a situarse. En cualquier caso, la cuaresma es tiempo de conversión, centrado en el misterio pascual de Cristo. En la liturgia dominical encontramos: una cuaresma bautismal (ciclo A), una cuaresma centrada en Cristo (ciclo B) y una cuaresma penitencial (ciclo C).