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Navidad

Feliz Navidad

¿ Qué es la Navidad ?

La Iglesia en su misión de ir por el mundo llevando la Buena Nueva ha querido dedicar un tiempo a profundizar, contemplar y asimilar el Misterio de la Encarnación del Hijo de Dios; a este tiempo lo conocemos como Navidad. Cerca de la antigua fiesta judía de las luces y buscando dar un sentido cristiano a las celebraciones paganas del solsticio de invierno, la Iglesia aprovechó el momento para celebrar la Navidad.

En este tiempo los cristianos por medio del Adviento se preparan para recibir a Cristo,"luz del mundo" (Jn 8, 12) en sus almas, rectificando sus vidas y renovando el compromiso de seguirlo. Durante el Tiempo de Navidad al igual que en el Triduo Pascual de la semana Santa celebramos la redención del hombre gracias a la presencia y entrega de Dios; pero a diferencia del Triduo Pascual en el que recordamos la pasión y muerte del Salvador, en la Navidad recordamos que Dios se hizo hombre y habitó entre nosotros.

Así como el sol despeja las tinieblas durante el alba, la presencia de Cristo irrumpe en las tinieblas del pecado, el mundo, el demonio y de la carne para mostrarnos el camino a seguir. Con su luz nos muestra la verdad de nuestra existencia. Cristo mismo es la vida que renueva la naturaleza caída del hombre y de la naturaleza. La Navidad celebra esa presencia renovadora de Cristo que viene a salvar al mundo.

La Iglesia en su papel de madre y maestra por medio de una serie de fiestas busca concientizar al hombre de este hecho tan importante para la salvación de sus hijos. Por ello, es necesario que todos los feligreses vivamos con recto sentido la riqueza de la vivencia real y profunda de la Navidad.

Por último, es necesario recordar que durante la Navidad celebramos en tres días consecutivos, 26, 27 y 28 de diciembre, tres fiestas que nos hacen presente la entrega total al Señor :

San Esteban, mártir que representa a aquellos que murieron por Cristo voluntariamente.

San Juan Evangelista, que representa aquellos que estuvieron dispuestos a morir por Cristo pero no los mataron. San Juan fue el único Apóstol que se arriesgó a estar con La Virgen al pie de la cruz.

Los Santos Inocentes que representan a aquellos que murieron por Cristo sin saberlo.

Orígenes de la navidad.

Existe una profunda semejanza de las fiestas de finales de diciembre y comienzos de enero con las de marzo, sin duda porque ambos meses, enero y marzo, han sido considerados por diversas culturas como inicio del año. Enero era el mes dedicado a Jano. San Paciano, obispo de Barcelona en el siglo IV, ya hablaba de mascaradas paganas que tenían lugar por estas fechas, diciembre y enero. Muchos Santos Padres condenaron estas fiestas paganas. Las Saturnalias o fiestas en honor a Saturno se celebraban entre los días 17 y 23 de diciembre. Las muy posteriores fiestas de los obispillos, el Bisbetó de Monserrat,la fiesta del Rollo, el obispo de los locos o el abat de los locos de los días 6 y 28 de diciembre, según los casos, que subsistieron en los pueblos españoles como residuos de aquellas Saturnalias, se celebraban también en las iglesias.

Hay referencias históricas de que en la Edad Media había grandes libertades en los templos. Por tanto, es muy probable que los Papas eligieran el 25 de Diciembre para conmemorar el nacimiento de Jesús con el fin de que los fieles cristianos se apartaran de las celebraciones paganas del solsticio de invierno.

La Navidad venía así a ocupar el lugar que todavía llenaban esas fiestas saturnales y otras propias del invierno en Roma. Reinando Constantino el Grande, la iglesia propuso que el 25 de diciembre se celebrara el nacimiento del Salvador por su coincidencia con la celebración romana del Sol Invictus.

En todo caso, en el año 345 d.c. el día 25 era fiesta de Navidad en Occidente. En Oriente, sin embargo, la celebran el 6 de enero, pero la influencia de San Juan Crisóstomo, padre de la Iglesia de Oriente y patriarca de de Alejandría, y de San Gregorio Nacianzeno, el teólogo, amigo de San Basilio, consiguió que adoptaran el 25 de diciembre

Liturgia y Tradiciones.

En el tema principal desarrollado por la liturgia de Navidad encontramos los elementos básicos de la teología y de la pastoral de la fiesta. La Navidad no es sólo un recuerdo de un suceso histórico. Constantemente la liturgia subraya que el hecho del nacimiento de Jesucristo está ordenado a la Redención, a la Pascua, a la Parusía. Según la terminología de los antiguos, la Navidad es una mcmoria (misterio), cuyo centro es la muerte y resurrección de Jesucristo, siempre presente y operante, como alma de toda celebración litúrgica.

Alrededor de la liturgia de Navidad se ha formado, en el decurso de los siglos, una serie de costumbres folklóricas que han contribuido a crear un ambiente festivo en la intimidad de las familias y en las calles de aldeas y ciudades. Ya en el Siglo V se compusieron cantos populares sobre el misterio de la Encarnación, inspirados en la teología y la liturgia de Navidad. Cuando, en el siglo XIII, San Francisco de Asís y sus discípulos propagan la devota práctica de construir "belenes" en las iglesias y en las casas, se extienden los villancicos de Navidad, caracterizados por el tono sensible e ingenuo de sus letras y de sus melodías que se refieren preferentemente a los sentimientos de la Virgen y de los pastores ante la pobreza que Dios ha escogido al tomar un cuerpo humano.

Como para expresar visiblemente el significado de la "iluminación" obtenida por el nacimiento de Jesucristo, desde antiguo se introdujo el hábito de encender fuegos durante la noche de Navidad, reemplazando tradiciones precristianas. El alumbrado extraordinario de los lugares públicos durante el tiempo de Navidad se ha inspirado en esos usos.

Desde el siglo XVI, en los países nórdicos, se empiezan a reunir en torno a un árbol -el árbol de Navidad-, signo de la gracia alcanzada por la Encarnación y por la muerte en el árbol de la cruz de Jesucristo, en contraposición del pecado que se originó en el árbol del paraíso.

También, se destinó para el día de Navidad la práctica de cambiarse regalos y felicitaciones; práctica sugerida por la que existía en Roma el día primero del año, llamada estrenas. Al principio, se simbolizaba que era el niño Jesús quien ofrecía los regalos; y más adelante, serían los Reyes Magos quienes distribuyen los dones, y no tanto por Navidad cómo por la Epifanía, en que se conmemora el hecho de la entrega de sus obsequios a Jesucristo.

Por último, durante la octava de Navidad se celebran las "memorias" de los Santos Esteban, Juan Evangelista e Inocentes, como las más antiguas, a las que Oriente añadía la de los Santos Pedro y Pablo.

Tradiciones y Costumbres. Las tradiciones y costumbres son una manera de hacer presente lo que ocurrió o lo que se acostumbraba hacer en tiempos pasados. Son los hechos u obras que se transmiten de una generación a otra de forma oral o escrita. La palabra tradición viene del latín "traditio" que viene del verbo "tradere" que significa entregar. Se podría decir que tradición es lo que nuestros antepasados nos han entregado.

En el caso de la Navidad, lo más importante de las tradiciones y costumbres no es sólo el aspecto exterior sino su significado interior. Se debe conocer por qué y para qué se llevan a cabo las tradiciones y costumbres para así poder vivirlas intensamente. Este es un modo de evangelizar.

Existen muchas tradiciones y costumbres tanto del Adviento como de la Navidad, las cuales nos ayudan a vivir el espíritu navideño; sin embargo, debemos recordar que este espíritu se encuentra en la meditación del misterio que se celebra.

El calendario.
Al fijarse esta fecha, quedaron también fijadas la de la Circuncisión y de la Presentación; la de la Expectación y, quizás, la de la Anunciación de la Santísima Virgen María; también la del Nacimiento y Concepción del Bautista. Hasta el siglo décimo la Navidad era considerada, en los documentos pontificios, el inicio del año eclesiástico, como se sigue haciendo en las Bulas; Bonifacio VIII (1294-1303) restauró temporalmente esta costumbre, la cual Alemania sostuvo durante algún tiempo más.

Las tres Misas.
Las tres misas que señalan para esta fecha el Misal de Gelasio y el Gregoriano, y éstas con un martirologio especial y sublime, y con la dispensa, si fuera necesaria, de la abstinencia, todavía hoy son guardadas. Si bien Roma señala sólo tres Misas para la Navidad, Ildefonso, un Obispo español en el 845, alude a una triple Misa en Navidad: Pascua, Pentecostés, y la Transfiguración. Estas Misas, de medianoche, al alba, e in die, están místicamente relacionadas con la distribución judía y cristiana, o al triple "nacimiento" de Cristo: en la Eternidad, en el Tiempo, y en el Alma. Los colores litúrgicos variaban: negro, blanco, rojo; y el Gloria era sólo entonado al principio de la primera Misa de ese día.

Los pesebres, Belenes o Nacimientos.
En el año 1223 San Francisco de Asís dio origen a los pesebres o nacimientos que actualmente conocemos, popularizando entre los laicos una costumbre que hasta ese momento era del clero, haciéndola extra-litúrgica y popular. La presencia del buey y del burro se debe a una errónea interpretación de Isaías 1, 3 y de Habacuc 3, 2 (versión "Itala"), aunque aparecen en el magnífico "Pesebre" del siglo cuarto, descubierto en las catacumbas de San Sebastián en el año 1877.

Los himnos y villancicos.
Los primeros villancicos que se conocen fueron compuestos por los evangelizadores en el siglo V con la finalidad de llevar la Buena Nueva a los aldeanos y campesinos que no sabían leer. Sus letras hablaban en lenguaje popular sobre el misterio de la encarnación y estaban inspirados en la liturgia de la Navidad. Se llamaban "villanus" al aldeano y con el tiempo el nombre cambió a "villancicos". Éstos hablan en un tono sensible e ingenioso de los sentimientos de la Virgen María y de los pastores ante el Nacimiento de Cristo. En el siglo XIII se extienden por todo el mundo junto con los nacimientos de San Francisco de Asís.

El famoso "Stabat Mater Speciosa" es atribuido a Jacopone Todi (1230-1306); "Adeste Fideles" data del siglo decimoséptimo. Pero, éstos aires populares, e incluso palabras, deben de haber existido desde mucho tiempo antes de que fueran puesto por escrito.

Los villancicos favorecen la participación en la liturgia de Adviento y de Navidad. Cantar villancicos es un modo de demostrar nuestra alegría y gratitud a Jesús y escucharlos durante el Adviento ayuda a la preparación del corazón para el acontecimiento de la Navidad.

Las tarjetas navideñas.
La costumbre de enviar mensajes navideños se originó en las escuelas inglesas, donde se pedía a los estudiantes que escribieran algo que tuviera que ver con la temporada navideña antes de salir de vacaciones de invierno y lo enviaran por correo a su casa, con la finalidad de que enviaran a sus padres un mensaje de Navidad.

En 1843, W.E. Dobson y Sir Henry Cole hicieron las primeras tarjetas de Navidad impresas, con la única intención de poner al alcance del pueblo inglés las obras de arte que representaban al Nacimiento de Jesús.

En 1860, Thomas Nast, creador de la imagen de Santa Claus, organizó la primera venta masiva de tarjetas de Navidad en las que aparecía impresa la frase "Feliz Navidad".

El Árbol De Navidad.
Los antiguos germanos creían que el mundo y todos los astros estaban sostenidos pendiendo de las ramas de un árbol gigantesco llamado el "divino Idrasil" o el "dios Odín", al que le rendían culto cada año, en el solsticio de invierno, cuando suponían que se renovaba la vida. La celebración de ese día consistía en adornar un árbol de encino con antorchas que representaban a las estrellas, la luna y el sol. En torno a este árbol bailaban y cantaban adorando a su dios.

Cuentan que San Bonifacio, evangelizador de Alemania, derribó el árbol que representaba al dios Odín, y en el mismo lugar plantó un pino, símbolo del amor perenne de Dios y lo adornó con manzanas y velas, dándole un simbolismo cristiano: las manzanas representaban las tentaciones, el pecado original y los pecados de los hombres; las velas representaban a Cristo, la luz del mundo y la gracia que reciben los hombres que aceptan a Jesús como Salvador. Esta costumbre se difundió por toda Europa en la Edad Media y con las conquistas y migraciones llegó a América.

Poco a poco, la tradición fue evolucionando: se cambiaron las manzanas por esferas y las velas por focos que representan la alegría y la luz que Jesucristo trajo al mundo.

Las esferas actualmente simbolizan las oraciones que hacemos durante el periodo de Adviento. Las esferas azules son oraciones de arrepentimiento, las plateadas de agradecimiento, las doradas de alabanza y las rojas de petición.

Se acostumbra poner una estrella en la punta del pino que representa la fe que debe guiar nuestras vidas.

También se suelen poner adornos de diversas figuras en el árbol de Navidad. Éstos representan las buenas acciones y sacrificios, los "regalos" que le daremos a Jesús en la Navidad.

Para aprovechar la tradición: Adornar el árbol de Navidad a lo largo de todo el adviento, explicando a los niños el simbolismo. Los niños elaborarán sus propias esferas (24 a 28 dependiendo de los días que tenga el Adviento) con una oración o un propósito en cada una, y conforme pasen los días las irán colgando en el árbol de Navidad hasta el día del nacimiento de Jesús.

¿Qué es para ti la navidad?

Campanas navideñas Campanas navideñas Según el diccionario la Navidad significa nacimiento o natividad, es también la fiesta cristiana más importante junto con la Pascua.

Pero.... ¿Qué es para ti la navidad?.
A esta fecha tan especial le puedes dar tantos significados como encontrar diversas formas de prepararte para recibirla. Para unos tal vez le recuerda que es en ese tiempo cuando reciben sus aguinaldos, para otros quizás sean vacaciones; los peques la relacionan con que no van a la escuela, villancicos y regalos, los jóvenes piensan en fiesta; y para muchos otros, la excelente oportunidad para ver a los parientes lejanos, olvidarse de la dieta y compartir con ellos una deliciosa cena, acompañados por un buen vino.

Ahora ¿Cómo te preparas para recibir la navidad? . Tal vez desde antes compras el material para realizar tus propios adornos navideños o prefieres comprarlos hechos, te vas al centro comercial por el árbol de moda o te decides por uno natural, adquieres el mejor nacimiento y forras de foquitos tu casa, ah!! sin olvidar claro, adelantarle a la larga lista de regalos para toda la familia, amigos y conocidos.

Uf!! ¿Si que es una época en que las actividades aumentan y se complican un poco verdad?

Entonces.... ¿Este es el significado que para tí tiene la navidad y la forma de prepararte para recibirla, o lo haces así por costumbre?.

Porque si es así, entonces cuidado, ya que esta costumbre puede llegar a tener una fuerza superficial muy considerable.

Mejor que te parece si juntos hacemos el intento, aunque sea por esta ocasión, de darle un significado diferente a esta navidad y nos preparamos para recibirla de otra manera.

Comencemos por desempolvar la mente para recordar en realidad que y para quien estamos haciendo todo esto.

¿Ya te acordaste? pues si, vamos a festejar el nacimiento y la llegada de Jesús a la tierra, aquel quien representa para muchos personas, el sustento espiritual y en donde desembocamos nuestra fé, alegrías, tristezas, agradecimientos, peticiones y culpas; alguien que es fiel representante de la nobleza, la sencillez, sabiduría, el sacrificio y quien posee en su plenitud, el maravilloso don de amar y perdonar. A Él, para ÉL y por Él es el festejo.

Muy bien, ahora para recibirlo debes prepararte como lo haces cuando sabes que vas a un baile, boda, cumpleaños, etc,   poniéndote tus mejores galas. Lo mismo harás para esta fiesta.

Tus mejores galas será tu creatividad y disposición requerida, para elaborar un pesebre en tu casa debajo del árbol; que si bien no será el más grande pero si el que esta adornado con la ayuda de toda la familia, sencillo pero deslumbrante. Tanto uno como el otro serán complementos de energía, pues el arbolito es de alguna manera la antena que está conectada hacia el universo, y el pesebre representa el renacimiento de Jesús, en donde muchos de nosotros contemplamos nuestra esencia.

Enseguida vamos a ocuparnos de nosotros mismos, y que una vez conscientes de la celebración, debemos mostrar una actitud optimista, reflexiva y dejando de lado todo aquello que solamente hace que olvidemos, el verdadero sentido de la navidad.

Ya la cena entre toda la familia, la podemos ir planeando conforme nuestras posibilidades, sin derrochar lo que bien nos puede servir para después; nuevamente algo muy sencillo pero muy bien condimentado con tiempo y amor.

Quise dejar hasta el último los regalos, porque creo que estos serán los más costosos de todas tus navidades; como hemos sido tan cautelosos y sencillos en todos lo preparativos anteriores, en este si, tienes que lucirte, bueno será tan grande que tal vez y no encuentres la envoltura ideal para ponerlo.

¿Pero que crees? La envoltura ya la tienes y esa eres tú, dentro de ella hay preciados regalos: unos brazos fuertes capaces de transmitir afecto, y más adentro desde tu corazón, un poco de amor, cariño, perdón y compresión. Y para finalizar el moño, hecho a base de una oración constante y fervorosa por los tuyos y sus familias, acompañada de los mejores deseos y anhelos.

Todo esto implica un esfuerzo considerable, pero vale la pena intentarlo.

Sólo recuerda que en esta ocasión ya por el simple hecho de pensar diferente acerca de la navidad , te anotaste un diez. Y que si tu quieres en el próximo año, puedes volver a hacer el intento de hacer consciente a tu mente y a tu corazón, de que Jesús volverá a nacer en ti y tú en Él.

Nochebuena y la Misa del "Gallo" 24 de diciembre.

LA "MISA DEL GALLO”: El Papa Sixto III, introdujo en Roma, la costumbre de celebrar en Navidad una vigilia nocturna, a medianoche, "mox ut gallus cantaverit", “en seguida de cantar el gallo”, en un pequeño oratorio, llamado "ad praesepium", "ante el pesebre", situado detrás del altar mayor. Terminada la misa, en la cual sólo comulgaba el Papa, presidía el solemne oficio de la noche en la Basílica de San Pedro. La celebración Eucarística de esta Noche Santa, comienza con una invitación instante y urgente a la alegría: «Alegrémonos todos en el Señor, porque nuestro Salvador ha nacido en el mundo».

El salmo nos hará repetir como profesión de fe gozosa: "Hoy nos ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor" Salmo 95. Por eso: «Cantad al Señor un cántico nuevo»; y el versículo del Aleluya será un eco anticipado del mensaje angélico: «Os anuncio una gran alegría». La causa de esta alegría es el nacimiento de Cristo. Pero, por encima del suceso que nos narra el evangelio, hemos de descubrir su contenido y hondura, con la ayuda del Espíritu de Sabiduría y de Entendimiento: en el niño que acaba de nacer, "la luz de la gloria brilló ante nuestros ojos» Prefacio, ya que el hijo de mujer, en quien «la naturaleza humana se ha unido a la de Dios» Oración sobre las ofrendas, es la luz que ha «iluminado esta noche santa», como hemos dicho en la 0ración Colecta. Así la fiesta de Navidad no es sólo la evocación de un acontecimiento pretérito, sino una actualización y presencialización de su estar presente. En la Comunión, cantaremos: «La Palabra se hizo carne y hemos contemplado su gloria». En la Eucaristía, Cristo, nacido de la Virgen María, es el alimento de nuestro camino, para nuestra ascensión «penetrando con fe profunda este misterio y amándolo cada vez más entrañablemente» hasta llegar a gozar en el cielo el «esplendor de su gloria». Todo es un gran misterio, escondido en el arcano de Dios.

LA NOCHEBUENA: Para desarraigar los restos paganos, la Iglesia primitiva Romana, con estudiada pedagogía, sustituía las fiestas paganas, y las cristianizaba. Así, el 25 de diciembre que en el Imperio se celebraba la fiesta pagana del Sol que nace, «Natalis Invicti" en el culto de Mitra, fue sustituida esta festividad pagana por la del nacimiento de Cristo, Sol que viene a iluminar las tinieblas del mundo, «luz del mundo».

La Navidad es, indudablemente, la fiesta que mayor repercusión ha alcanzado y tiene en la vida exterior de las gentes: villancicos, y belenes, las distintas costumbres populares, las felicitaciones, los christmas, el árbol de Noel, y las cenas de Navidad. Un espíritu mezquino podrá decir que tales costumbres son en sí reprobables. Pero "si hacemos alegrías cuando nace uno de nos - qué haremos cuando nace Dios". Cuando una familia se alegra cada vez que una nueva cuna se mece en la casa, ¿cómo no ha de hacer fiesta solemne la familia del pueblo de Dios, la Iglesia, cuando celebra el nacimiento de su Señor y Redentor, y lleva esta alegría dulce e íntima a la vida familiar y social? Luis de Góngora nos invita a situarnos en la gloriosa cueva de Belén contemplando cómo se enardece el pugilato de los seres inanimados reconociendo la gran dignidad que les confiere lo que están viendo en su entorno.

“Caído se le ha un clavel
hoy a la Aurora del seno;
qué glorioso que está el heno
porque ha caído sobre él!

Cuando el silencio tenía
todas las cosas del suelo,
y coronada de hielo
reinaba la noche fría,
en medio la algarabía
de tiniebla tan cruel,
caído se le ha un clavel.

De un solo clavel ceñido
la Virgen, Aurora bella,
al mundo le dio, y ella
quedó cual antes, florida”.

Lo triste es, que socialmente, se celebran ritos desprovistos del espíritu sustancial y originario atendiendo solamente a lo exterior, sin darle preeminencia a lo interior, para no celebrar una fiesta celebrada desconociendo al protagonista. Tratemos de prevenir, no ya el riesgo, sino la praxis del materialismo ateo, incluso entre los cristianos con una buena preparación durante el Adviento. La predicación del día de Navidad, debe contribuir eficazmente a hacer interior y cristiana la fiesta, a la inversa de lo que hizo la Iglesia primitiva. Las lecciones del segundo nocturno nos dan la pauta del sentimiento que deben alimentar los cristianos: "Agamus gratias Deo... Agnosce, christiane, dignitatem tuam": "Demos gracias a Dios…Reconoce, oh cristiano tu dignidad" (San León Magno).

Veamos, ahora, La nochebuena de san Juan de la Cruz que bailó con el Niño Jesús en brazos y la de de Santa Teresa, que cantaba: Esta noche es noche santa, no la debemos dormir.
Los carmelitas descalzos de Úbeda (Jaén, España) conservan una hermosa imagen del Niño Jesús, con la que bailó San Juan de la Cruz en una nochebuena, y enfervorizado ante la imagen de Jesús niño exclamó: Si amores me han de matar, ahora tengan lugar! En ese mismo convento se conserva el Niño Jesús de Praga que da origen a la leyenda que hace pensar que el Niño con el que bailó es el mismo, aunque su imagen que insertamos no tiene sus características.

FRAY JOSÉ DE LA SANTA CASA: Al final de la Edad Media, entre Córdoba y Sevilla, al sur del Guadalquivir, había un monasterio famoso, lleno de monjes con largas barbas y hábitos ásperos. Una incursión de los moros lo redujo a ruinas, y solo cuatro frailes se salvaron de la catástrofe. Entre ellos está FRAY JOSÉ DE LA SANTA CASA, un lego con corazón de santo y cabeza y manos de artista, pero sobre todo, con un amor desbordante a la Santa Infancia de Jesús. En cualquier oficio que la obediencia le mandase, se entretenía, pensando y hablando con el Niño Jesús.

Un día Fray José está barriendo el suelo del convento y de repente se le presenta un hermoso niño que le dice:

-¡Qué bien barres, fray José, y que brillante dejas el suelo! ¿Serías capaz de recitar el Ave María?

-Si.

-Pues entonces, dila.

Fray José deja a un lado la escoba, se recoge, junta las manos y con los ojos bajos, comienza la salutación angélica. Al llegar a las palabras y bendito el fruto de tu vientre, el niño le interrumpe y le dice:

¡Ese soy yo!, y desapareció.

Fray José grita extasiado:

-¡Vuelve Pequeño Jesús, porque si no moriré del deseo de verte!.

Pero Jesús no vino. Y Fray José, seguía llamándolo día tras día, en la celda, en el huerto, en la cocina... en todas partes. Al fin un día oyó la voz de Jesús le respondía:

- Volveré, pero ten todo preparado para que cuando llegue hagas de mi una estatua de cera en todo igual a como soy.

Fray José corrió a contárselo al padre prior, pidiéndole cera, un cuchillo y un pincel. El Superior se lo concedió y Fray José se entregó con ilusión a modelar una estatua de cera del Niño que había visto. Hacía una y la deshacía, para hacer otra, pues nunca estaba conforme, y cada una que hacía le salía más bella que la anterior, y así pasaba el tiempo, esperando que regresase su Amado Jesusito. Por fin llegó el día en el que rodeado de ángeles, se le presenta el Niño Jesús, y Fray José en éxtasis, pero con la mayor naturalidad pone los ojos en el Divino modelo y copia al Niño que tiene delante. Cuando termina y observa que su estatua es igual al Sagrado Modelo, estalla en risas y llantos de alegría, cae de rodillas delante de ella y posando la cabeza sobre las manos juntas, muere. Y los mismos ángeles que acompañaron a su Niño Jesús, recogieron su espíritu y lo llevaron al Paraíso. Los religiosos enterraron el cuerpo del santo lego y con devoción colocaron la imagen de cera del Niño Jesús en el oratorio del monasterio.

Esa misma noche Fray José se apareció en sueños al Padre Prior, comunicándole que esa: "imagen, hecha indignamente por mi, no es para el convento. Dentro de un año vendrá Doña Isabel Manríquez de Lara, a quien se la daréis, y ella se la entregará a su hija como regalo de bodas, ella la llevará a Bohemia y por la capital de aquel reino será llamado -Niño Jesús de Praga. La gracia, la paz y la misericordia descenderán a la tierra escogida por El para habitar en ella, el pueblo de aquel reino será su pueblo, y El será su PEQUEÑO REY".

Y al año en punto, Doña Isabel Manríquez de Lara, en un viaje de recreo por la zona, topó con las ruinas del convento, y el prior, ya único superviviente, le entregó la imagen del Niño Jesús, contándole su fascinante historia. La dama llena de alegría, retornó a su castillo de Sierra Morena, muy cerca de Córdoba.

SAN FRANCISCO DE ASIS Y OTROS SANTOS:

En el año 1200 San Francisco de Asís dispuso recordar con mucha solemnidad la Navidad haciendo un pesebre lo más parecido posible al de Belén y celebrando así entre pastores, ovejas, bueyes y asnos la misa de la medianoche, y haciendo él mismo un hermoso sermón de Nochebuena recordando la gran bondad del Hijo de Dios al quererse hacer hombre en Belén por salvar nuestra alma. San Antonio de Padua fue un devoto tan entusiasta del Niño Jesús que mereció que el Divino Niño se le apareciera. A San Cayetano se le presenta con el Niño Jesús en sus brazos. Los santos que más contribuyeron a difundir la devoción al Niño de Belén fueron Santa Teresa y San Juan de la Cruz. Santa Teresa de Jesús le tenía un amor tan grande al Divino Niño que un día al subir una escalera obtuvo tener una visión en la que contemplaba al Niño Jesús tal cual había sido en la tierra. En recuerdo de esta visión la santa llevó siempre en sus viajes una estatua del Divino Niño, y en cada casa de su comunidad mandó tener y honrar una bella imagen del Niño Jesús que casi siempre ella misma dejaba de regalo al despedirse.

Santa Teresita del Niño Jesús rezaba diariamente ante la imagen del Niño Jesús de Praga de su convento de Lisieux (Francia). "Oh pequeño niño, mi único tesoro, tú te me muestras todo radiante de Amor. Yo me abandono a Tí. Oh Jesús, mi pequeño hermano, no quiero otra alegría que la de agradarte. Mi pequeño Rey, imprime en mi las virtudes de tu infancia". En la Imagen del Niño Jesús de Praga del coro del monasterio de carmelitas descalzas de Colonia (Alemania), reconocía Edith Stein un signo de veneración a la Santa infancia del Señor: "No sólo tiene poder salvador la pasión y muerte de Cristo, sino toda su vida. Su asunción del destino humano: también su infancia, su juventud, su encuentro con los hombres, su rezar por la liturgia del pueblo judío, su íntimo hablar con el padre del cielo, todo esto aconteció por nosotros, para nuestra salvación".

EL PROFETA ISAIAS VE UN RAYO DE LUZ:

En medio del horizonte cerrado de la tragedia, el profeta Isaías, 9,1, divisa un rayo esplendoroso de luz y de redención de los hebreos oprimidos, que le hace prorrumpir en un canto lleno de exultación porque ha sido vencido el opresor del pueblo elegido, a la llegada de un misterioso niño adornado de dotes excepcionales, que inaugurará una venturosa era de paz. El profeta entona un canto de alegría, contraponiendo dos situaciones muy diferentes: la primera, en que Dios cubrió de oprobio a la parte de Palestina, Zabulón y Neftalí, ambas situadas al oeste del lago de Genesaret. En la deportación de Teglatfalasar III, de estas dos tribus, moradoras en sombras de muerte, pesa el yugo de la tiranía de los conquistadores asirios, usurpadores del norte de Palestina, y contrasta con un tiempo nuevo que inaugurará la gloria del camino del mar, "via maris", bordeando el lago de Genesaret, que desde de Egipto ascendía por la costa palestina, hasta llegar al Carmelo camino de Nazaret, y volvía hacia Damasco por encima del lago de Galilea. Oprobio y humillación. Grandeza y glorificación, en una misma región: la del norte de Palestina: La Galilea de los gentiles, Galaad, contagiada de idolatría, era sincretista, estaba situada en la otra ribera del Jordán. El profeta ve, que la redención del pueblo israelita se va a iniciar por aquella despreciada región del norte, ahora tan castigada y humillada.

SAN MATEO VE REHABILITADOS LOS PUEBLOS HUMILLADOS:

Esto nos lo confirmará Mateo cuando nos presente a Jesús, inaugurando el anuncio «la buena nueva del reino de los cielos", a orillas del lago de Tiberíades. Mateo veía ya realizada la misma luz vista por Isaías, y que le había hecho saltar de gozo, siete siglos antes. Si Dios había escondido su faz a la casa de Jacob, ahora anuncia con júbilo un horizonte luminoso de salvación al pueblo que vivía en sombras de muerte, con las huellas abiertas de la devastación y de la guerra. Vivían en la miseria y en la desventura. Pero ellos, habituados y resignados ya a este ambiente de tristeza, acaban de ver un fulgor de esperanza y de salvación. La alegría de aquellos corazones abocados a un estado de miseria sin esperanzas de redención es descrita por Isaías con imágenes: el júbilo de la siega de las mieses, pasadas ya las incertidumbres de la marcha de la cosecha, y el ejército vencedor que se reparte el botín. Las gentes humilladas de los confines de Galilea de los gentiles van a ser liberadas de la asfixia de un dogal. Van a desaparecer todos los vestigios de la guerra. En la nueva edad venturosa, la característica será la paz. ˇOh, la región de los Balcanes, Kosovo y la de Chechenia, Grozni, Irak, ˇ Oh, Ruanda y Cuba y Colombia y todos los pueblos derrumbados y deportados! ˇLa misma España en peligro de desmembración! ˇEsperad la liberación, y tened la seguridad de que los que cayeron, caen y caerán aún, serán semillas de vida, no lo dudéis! El profeta salta de júbilo, ha surgido un Príncipe libertador, que es un niño, con dotes excepcionales de realeza; dotado de perspicacia como gobernante, admirable consejero para conducir con sabiduría y prudencia. Con un título excepcional: "Dios fuerte". Un niño que nace de una mujer joven y virgen, que garantiza la naturaleza humana y divina del Mesías. Será un hombre verdadero, con su cuerpo y alma racional, y al mismo tiempo, Dios.

LA LUZ DIVINA:

Fue una chispa instantánea, una revelación divina, la que recibió Isaías. Además, es Padre sempiterno, y Príncipe de la paz, gobernante y sabio. Gobernará paternalmente a su pueblo, buscará la paz y comprensión, como Príncipe de ella, sin tiranía ominosa. La Paz, basada en la justicia, será el ceñidor de sus lomos. Paz idealizada con imágenes vivas, que son profecía de un reinado espiritual basado en la paz de las conciencias, de santidad y de gracia, de justicia de amor y de paz. Todo misterioso: Este es el "misterio mantenido en secreto durante siglos" de que habla san Pablo, en el que aparece el maremoto de la acción de Dios, actuando desde la profundidad de su Sabiduría. Abraham y David lo veían en una nube llena de oscuridad. También los Profetas. Los anuncios del misterio mesiánico eran eso, misterio. Pero no podían imaginar, que el mismo Dios llegara a la "locura" de hacerse hombre. "Mientras se mantenía en lo oculto y Dios reservaba sabiamente su designio, podía parecer que nos tenía olvidados y no se preocupaba de nosotros; pero, cuando por su Hijo querido, reveló y manifestó todo lo que estaba preparado desde el principio, puso a la vez todas las cosas a nuestra disposición: la posibilidad de disfrutar de sus beneficios, y la de verlos y poseerlos. ¿Quién de nosotros se hubiera atrevido a imaginar jamás tanta generosidad? (Carta a Diogneto). Nada semejante podía ser predicado de ningún rey histórico; sólo se van a evidenciar en la persona del Mesías liberador y glorioso que desde la época de la monarquía se había generalizado en el pueblo en general.

SAN PABLO:

En la segunda lectura Pablo nos dará una intensa lección de teología y de vida: El hecho de que Dios se haya manifestado a todos los hombres, nos enseña desde su amor, a renunciar a la impiedad y los deseos del mundo, y a vivir sobria, justa y piadosamente en este mundo, aguardando la bienaventurada esperanza y la aparición gloriosa del gran Dios y Salvador nuestro, Cristo Jesús, que se entregó por nosotros para rescatarnos de toda iniquidad para formar un pueblo santo y purificado, dedicado a las obras buenas. Tit, 2,11. Todas esas virtudes que Pablo exige a las diversas categorías de fieles tienen su fundamento en Cristo, quien, con su venida al mundo, nos ha hecho visible la voluntad que Dios tiene de salvar a todos los hombres y nos ha enseñado cómo debemos vivir, al mismo tiempo que alienta nuestro trabajo con la esperanza de la gloria del cielo y de su gloriosa manifestación en la parusía, el que ofreció su vida por nosotros para adquirirse un pueblo santo. Este es uno de los pasajes de las cartas de San Pablo más cargado de doctrina, resumen de su teología. Parece que el lenguaje está inspirado en escenas, entonces frecuentes de monarcas que hacían su solemne manifestación al pueblo y repartían numerosos beneficios, llamados colectivamente «gracia» recibiendo a cambio de sus súbditos el apelativo de "salvadores». Pablo se vale de esta terminología áulica, muy expresiva para sus lectores, y la aplica a Jesucristo y a su obra, que hace visible la «gracia o amor benéfico de Dios, que fue un continuo reparto de beneficios y que se consumará en su segunda aparición del último día. La gracia de la salvación dan a la lectura carácter navideño. Todos, aún en los climas más remotos, celebran hoy su apertura a la gracia de Dios, Verbo encarnado, que viene a redimirnos y a darnos ejemplo de vida.

RENUNCIAR A LOS DESEOS DEL MUNDO:

Si cuando vino Dios nació en un pesebre, nosotros hemos de aprender a renunciar a los deseos del mundo y a vivir sobria y justamente, negando toda piedad, aguardando la dicha que esperamos. Los hombres y las mujeres de edad. Los jóvenes también. Cada uno tiene un papel diferente según sus posibilidades. Sobriedad, dignidad, ponderación, fortaleza en la fe, caridad, perseverancia, buen consejo, sensatez. Son consejos muy «humanos»: virtudes naturales. La cualidad más recomendada a todas las categorías es la moderación y mansedumbre. Los cristianos de Creta eran impetuosos. Lo primero que nos exigen los no creyentes hoy, es que los cristianos den prueba de lo que «dicen», viviendo ellos los valores esenciales de la simple humanidad. Y la razón de todo está en que la gracia salvadora de Dios se ha manifestado a todos los hombres. Por ella aprendemos a rechazar el pecado y las pasiones. Aunque semejan lecciones de un curso de moral griega elemental, pues San Pablo predicaba sencillamente un buen humanismo... no embriagarse, amar a su mujer o a su marido, buena administración del hogar, guardar buena conducta, todo es obra de Dios: la gracia, el don gratuito de Dios está ahí. En el fondo, Dios quiere, en primer lugar que seamos hombres Y, para ello, nos da su gracia. Para vivir en el mundo presente con sensatez, justicia, piedad. Pero el «sentido», la razón de nuestra conducta es que "estamos esperando la dicha que esperamos y la Manifestación de la gloria de Jesucristo, nuestro gran Dios Salvador. Este es el carácter específico del cristiano: hombre como todos los demás, invitado a vivir los mismos valores como sus contemporáneos, pero «sabiendo a donde va», y bien orientado. Su conducta tiene un sentido, un objetivo final, que justifica todos sus esfuerzos, el encuentro con Jesús: «Aguardad la dicha». «Cuando Jesucristo se manifestará».

SOBRIO RELATO DE LUCAS:

Lucas nos relata el nacimiento de Cristo en Belén como un historiador, fedatario de lo que ha conocido: César Augusto había promulgado un edicto para empadronar a todo el mundo, era el ecumenismo romano. Roma suele respetar las costumbres locales, y este empadronamiento se hace al modo judío, yendo a inscribirse al lugar de su origen. José, que era de la casa de David, sube a Belén, lugar originario de la familia davídica. Y estando en Belén, "casa del pan", por su fertilidad agrícola, sucedió el nacimiento de Cristo. Lucas lo describe con sobriedad. «Dio a luz a su hijo primogénito». Lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre. El hecho de que lo haga la misma María, la madre, supone una prueba del parto virginal indoloro. Como en Oriente la hospitalidad es sagrada, máxime para una mujer que acusaba los signos de próxima maternidad, no hay razón que José y María no encuentren sitio en la posada, sino son las de decoro, y pobreza. No gozaban de buena fama los pastores. Eran considerados «ladrones». Nunca un fariseo les compraría lana o leche, sospechando que habían sido robados. Pero, ¿no habría entre ellos almas sencillas? Inesperadamente, se les apareció «un ángel del Señor» que se les acercó, suspendido en el aire. Y «la gloria del Señor» los «rodeó iluminándolos». En Belén, en la Capilla del campo de los pastores, una pintura mural deliciosa representa maravillosamente la alegría de aquellos pastores, sobre todo de un niño, impresionante. Había sido una teofanía. Al rodearlos de su luz, «temieron grandemente». Era el temor ante la presencia de Dios, que acreditaba al ángel de esta manera, y les anunció que el Niño estaba en Belén. El anuncio del ángel es el Evangelio: la Buena Nueva «es para todo el pueblo». «Hoy os ha nacido en la ciudad de David», Belén, donde, según Miqueas, había de nacer el Mesías, un niño, descrito con los siguientes rasgos. Es: «Un Salvador», el «Cristo» es decir, el «Ungido», el Mesías. «El Señor».

HA LLEGADO EL MESIAS:

Los pastores comprendieron que el Mesías había llegado. Y se les dio una «señal» para encontrarlo. Era necesidad, pero era garantía. Es la descripción que antes hizo: un niño fajado y reclinado en un pesebre. Posiblemente hubo otras indicaciones para señalarles el lugar donde se hallaba. Pero esto ya era suficiente. El Mesías no había nacido en un palacio, ni con el esplendor humano y pompa esperados. Y el hecho de estar reclinado en un «pesebre» les indicaba que no había que buscarlo entre gentes de Belén, ya que allí habría nacido en su casa. Terminado el anuncio del ángel, se juntó con él, allí en el campo de los pastores, «una multitud del ejército celestial» de ángeles. Todo este coro entona allí una alabanza a Dios, diciendo: "Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad». Y les dio una «señal» para encontrarlo. Era necesidad, pero también, garantía. Es la descripción que antes hizo: un niño envuelto en pañales y reclinado en un pesebre. La idea fundamental es que Cristo ha venido a traer como paralela a la gloria de Dios la paz a los hombres.

LA PAZ:

Ha escrito San Agustín, que la paz consiste en «la tranquilidad del orden". Supone, pues, un orden estable. Cuando en una familia el padre desempeña la autoridad y la madre representa a la obediencia del amor y ambos educan a unos hijos que se dejan educar, se dice de ella que vive en paz. Si se rompe uno de esos elementos, la paz se habrá perdido. Sólo existirá el desorden, que la paz completa exige: Orden para con Dios. Orden entre los hombres. Orden dentro de nosotros mismos. Tres órdenes que están intrínsecamente unidos. A todos los que celebramos rebosantes de gozo el misterio del nacimiento de Cristo, danos la paz. Paz en la tierra, el gran anhelo manifestado desde el corazón del Papa Beato Juan XXIII, autor de la Encíclica “Pacem in terris”.

Los Santos Inocentes.

Los niños mencionados en San Mateo 2,16-18

Al darse cuenta Herodes de que había sido burlado por los Magos, montó en cólera y mandó matar a todos los niños que había en Belén, en toda la comarca, de dos años para abajo, conforme al tiempo que había cuidadosamente averiguado de los Magos. Entonces se cumplió lo que había predicho el profeta Jeremías: “Se oyó un grito en Rama, llanto y grandes lamentos; es Raquel que llora por sus hijos sin querer consolarse; porque ya no existen”.

La Liturgia Griega afirma que Herodes hizo matar a catorce mil varones ( ton hagion id chiliadon Nepion), los sirios mencionan a sesenta y cuatro mil; muchos autores medievales a ciento cuarenta y cuatro mil, según el Apoc., xxxiv, 3. Los autores modernos reducen considerablemente el número, ya que Belén era una ciudad más bien pequeña. Knabenbauer los rebaja hasta quince o veinte (Evang. S. Mat., I, 104), Bisping a diez o doce (Evang. S. Mat.), Kellner a seis (Christus and seine Apostel, Freiburg, 1908); cf. “Anzeiger kath. Geistlichk. Deutschl”; 15 de febrero de 1909, p. 32. Esta crueldad de Herodes no ha sido mencionada por el historiador judío Flavio Josefo, aunque relata no pocas atrocidades cometidas por el rey durante los últimos años de su reinado. El número de estos niños era tan pequeño que este crimen aparece como insignificante entre los otros delitos cometidos por Herodes. Macrobius (Saturn., IV, xxiv, de Augusto et jocis ejus) narra que cuando Augusto se enteró de que entre los varones de hasta dos años, el propio hijo de Herodes había sido también masacrado, exclamó: “Es mejor ser el cerdo de Herodes [ous] que su hijo [houios], ” aludiendo a la ley judaica de no comer, y por consiguiente no matar, cerdos. La Edad Media creía en esta historia; Abelardo la insertó en su himno dedicado a la fiesta de los Santos Inocentes:

Ad mandatum regis datum generale

Nec ipsius infans tutus est a caede.

Ad Augustum hoc delatum risum movit,

Et rex mitis de immiti digne lusit:

malum, inquit, est Herodis esse natum.

prodest magis talis regis esse porcum.

(Dreves, « Petri Abaelardi Hymnarius Paracletensis », París, 1891, pp. 224, 274).

Pero este “infante” mencionado por Macrobius, es Antipater, el hijo adulto de Herodes, quien, por orden del rey moribundo fue decapitado por haber conspirado contra la vida de su padre.

Es imposible establecer el día o el año de la muerte de los Santos Inocentes, ya que la cronología del nacimiento de Cristo y los acontecimientos bíblicos subsiguientes son muy inciertos. Todo lo que sabemos es que los infantes fueron sacrificados dentro de los dos años después de la aparición de la estrella a los Sabios de Oriente (Belser, en el Tübingen “Quartalschrift”,1890, p.361). La Iglesia venera a esos niños como mártires (flores martyrum) ; constituyen los primeros capullos de la Iglesia muertos por el hielo de la persecución; no sólo murieron por Cristo, sino en su lugar (S. Agus., “Sermo 10us de sanctis”). En relación con ellos, el Apóstol recuerda las palabras del Profeta Jeremías (xxxi, 15) hablando de la lamentación de Raquel. La tumba de Raquel, representante de las antepasadas de Israel, se encuentra en Rama. Allí se congregaron los remanentes de la nación para ser conducidos al cautiverio. Igual que Raquel después de la caída de Jerusalén, en su tumba lloraron los hijos de Efraín, de modo que ella llora nuevamente por los niños de Belén. La ruina de su pueblo, conducido a Babilonia, es sólo un ejemplo de la ruina que amenaza a sus hijos ahora, cuando el Mesías tiene que ser asesinado y se ve obligado a huir del centro de Su propia nación para escapar a la espada de los esbirros. El lamento de Raquel después de la caída de Jerusalén recibe su cumplimiento supremo a la vista de la caída de su pueblo, precedido por la matanza de sus hijos y el destierro del Mesías.

La Iglesia latina instituyó la fiesta de los Santos Inocentes en fecha desconocida, no antes del final del siglo IV y no después del final del siglo V. Junto con las fiestas de san Esteban y san Juan, se las encuentra primero en el Sacramentario Leonino, fechado alrededor de 485. Resulta desconocida para el Calendario Filocaliano de 354. Los latinos guardaban esta fiesta el 28 de diciembre, los griegos el 29 de diciembre, los sirios y caldeos el 27 de diciembre. Estas fechas no tienen nada que ver con el orden cronológico del acontecimiento; la fiesta se celebra dentro de la octava de Navidad porque los Santos Inocentes dieron su vida por el Salvador recién nacido. Esteban, el primer mártir (mártir por voluntad, por amor y dolor), Juan, el discípulo amado (mártir por voluntad y amor), y estas primeras flores de la Iglesia (mártires por sangre solamente) acompañan al Santo Niño Jesús cuando aparece en el mundo el día de Navidad. Únicamente la Iglesia de Roma da el nombre de Inocentes a estos niños; en otros países latinos se les llama simplemente Infantes y la fiesta tenía el título de “Allisio infantium” (Brev. Goth.) “Natale infantum”, o “Necatio infantum”. Los armenios celebraban la fiesta el lunes después del segundo domingo de Pentecostés (Menología Armenia, 11 de mayo), porque creen que los Santos Inocentes fueron masacrados quince semanas después del nacimiento de Cristo.

En el Breviario Romano la fiesta era solamente semidoble (en otros breviarios doble menor) hasta los tiempos de Pío V, quien, en su nuevo Breviario (1568), la elevó a doble de segunda clase con una octava (G. Schober, “Exp.. rit. Brev. Rom.”, 1891, p. 38). También introdujo los dos himnos “Salvete flores martyrum” y “audit. Tyrannus anxius”, que son fragmentos del himno de la Epifanía de Prudencio. Antes de Pío V, la Iglesia de Roma cantaba los himnos de Navidad en la fiesta de los Santos Inocentes. El prefacio propio del Sacramentario Gelasiano para esta fiesta se encuentra todavía en el Misal Ambrosiano. Poseemos un himno largo en honor de los Santos Inocentes de la pluma de Beda el Venerable, “Hymnum canentes martyrum” (Dreves, “Analecta hymnica”) y una secuencia compuesta por Notker, “Laus tibi Christe”, pero la mayoría de las Iglesias en la Misa usaban el “Clesa pueri concrepant melodía” (Kehrein, “Sequenzen”, 1873, p. 348). En Belén es día de guardar. El color litúrgico de la Iglesia Romana es el violeta, no rojo, porque estos niños fueron martirizados en un tiempo en que no podían alcanzar la visión beatífica. Pero, por compasión hacia las madres llorosas de Belén, la Iglesia en la Misa omite el Gloria y el Aleluya; esta costumbre, sin embargo, era desconocida para las Iglesias de Francia y Alemania. En la octava, y también cuando la fiesta cae en domingo, la liturgia romana prescribe el color rojo, el Gloria y el Aleluya. En Inglaterra la fiesta se llama “Childermas”.

La Estación Romana del 28 de diciembre es en San Pablo Extramuros, porque se cree que esa iglesia posee los cuerpos de varios de los Santos Inocentes. Una parte de estas reliquias fueron transferidas por Sixto V a Santa Maria la Mayor (fiesta el 5 de mayo; semidoble). La iglesia de santa Justina en Padua, las catedrales de Lisboa y Milán, y otras iglesias, también conservan cuerpos que aseguran ser de algunos de los Santos Inocentes. En muchas iglesias de Inglaterra, Alemania y Francia en la fiesta de san Nicolás (6 de diciembre) se elegía a un niño-obispo, quien oficiaba en la fiesta de san Nicolás y de los Santos Inocentes. Usaba mitra y otras insignias pontificales, cantaba la colecta, predicaba, y daba la bendición. Se sentaba en la silla del obispo mientras la escolanía cantaba en los sitiales de los canónigos. Ella dirigía el coro en ambos días y tenían una procesión solemne (Schmidt, “Thesaurus jur eccl.”, III, 67 y sig.; Kirchenlex., IV, 1400; P.L., CXLVII, 135).

Los Reyes Magos de oriente.

El El Evangelio Mt 2s. nos relata un hecho histórico de gran relevancia para comprender la actitud que Dios espera de nosotros.

El evento es confirmado por descubrimientos arqueológicos y científicos.

Cuando ocurrió:

Los Evangelios enmarcan el nacimiento de Jesús en tiempos del censo del imperio ordenado por César Augusto, cuando Quirino era gobernador de Siria, y en los últimos años del rey Herodes, quien falleció el mes de marzo del año 4 a.C. Para los historiadores, por lo tanto, Jesús nació unos siete años antes del año «0».

Al llegar los magos a Jerusalén, éstos preguntaron en la corte el paradero del "Rey de los judíos". Los sacerdotes y maestros de la ley supieron informarles que el Mesías debía nacer en Belén, ciudad natal de David; sin embargo no fueron a adorarlo. Los magos ofrecieron oro, incienso y mirra, sustancias en las que la tradición ve la realeza mesiánica de Cristo (oro), de su divinidad (incienso) y de su humanidad (mirra).

Se les atribuyen lo nombres de Melchor, Gaspar y Baltasar. Los orientales llamaban magos a los doctores; en lengua persa, mago significa "sacerdote". La tradición, más tarde, ha dado a estos personajes el título de reyes. Esta atribución de realeza a los visitantes ha sido apoyada ocasionalmente en numerosos pasajes de la Escritura que describen el homenaje que el Mesías de Israel recibe por parte de los reyes extranjeros.

La Estrella de Belén identificada por la astronomía.
El evangelista Mateo (2, 2) relaciona el nacimiento de Jesús en Belén con la aparición de una estrella particularmente luminosa en el cielo de Palestina.

Johannes Kepler, 1603, astrónomo y matemático de la corte al observar desde el castillo de Praga el acercamiento de Júpiter y Saturno en la constelación de Piscis, se preguntó por primera vez si el Evangelio no se refería precisamente a ese mismo fenómeno. Hizo cálculos hasta descubrir que una conjunción de este tipo tuvo lugar en el año 7 a.C.

Encuentro de una tablilla. En 1925 el erudito alemán P. Schnabel descifró anotaciones neobabilonias acuñadas en una tabla de arcilla encontrada entre las ruinas de un antiguo templo del sol, cien kilómetros al norte de Babilonia. La tablilla revela la existencia de una conjunción de Júpiter y Saturno en la constelación de Piscis en el año 7 a.C., en tres ocasiones, durante pocos meses: del 29 de mayo al 8 de junio; del 26 de septiembre al 6 de octubre; del 5 al 15 de diciembre. Según los cálculos matemáticos, esta triple conjunción se vio con gran claridad en la región del Mediterráneo.

La triple conjunción de los dos planetas explica también la aparición y la desaparición de la estrella, dato confirmado por el Evangelio. La tercera conjunción de Júpiter y Saturno, unidos como si se tratara de un gran astro, tuvo lugar del 5 al 15 de diciembre. En el crepúsculo, la intensa luz podía verse al mirar hacia el Sur, de modo que los Magos de Oriente, al caminar de Jerusalén a Belén, la tenían en frente. La estrella parecía moverse, como explica el Evangelio, «delante de ellos» (Mt 2, 9).

Por que los Magos deciden viajar en busca del Mesías.

El viaje en busca del Mesías recién nacido es de cientos de Km. hasta Jerusalén. Representa grandes peligros de ser atacados por ladrones ya que llevaban tesoros.

Según explica el catedrático de fenomenología de la religión de la Pontificia Universidad Gregoriana, Giovanni Magnani: «en la antigua astrología, Júpiter era considerado como la estrella del Príncipe del mundo. La constelación de Piscis como el signo del final de los tiempos. El planea Saturno era considerado en Oriente como la estrella de Palestina.

Cuando Júpiter se encuentra con Saturno en la constelación de Piscis, significa que el Señor del final de los tiempos se aparecerá este año en Palestina.

Entonces, ¿Es valida la astrología?

Hay que distinguir entre astrología y astronomía. La segunda es una ciencia mientras la primera suele mezclar conocimientos de las estrellas con mitología. Dios se manifiesta al hombre según este pueda entender. Los Magos ("magoi" en griego) eran una casta de sacerdotes persas o babilonios. No conocían la revelación divina como los judíos. Pero en su deseo de buscar a Dios estudiaban las estrellas. Ellos levantaron sus ojos al cielo buscando en las luz de las estrellas una guía. Dios es el Señor de los astros y los guió desde ahí hacia la verdadera luz que es Cristo.

María en el nacimiento de Jesús.

1. En la narración del nacimiento de Jesús, el evangelista Lucas refiere algunos datos que ayudan a comprender mejor el significado de ese acontecimiento. Ante todo, recuerda el censo ordenado por César Augusto, que obliga a José, «de la casa y familia de David», y a María, su esposa, a dirigirse «a la ciudad de David, que se llama Belén» (Lc 2, 4). Al informarnos acerca de las circunstancias en que se realizan el viaje y el parto, el evangelista nos presenta una situación de austeridad y de pobreza, que permite vislumbrar algunas características fundamentales del reino mesiánico: un reino sin honores ni poderes terrenos, que pertenece a Aquel que, en su vida pública, dirá de sí mismo: «El Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza» (Lc 9, 58).

2. El relato de san Lucas presenta algunas anotaciones, aparentemente poco importantes, con el fin de estimular al lector a una mayor comprensión del misterio de la Navidad y de los sentimientos de la Virgen al engendrar al Hijo de Dios. La descripción del acontecimiento del parto, narrado de forma sencilla, presenta a María participando intensamente en lo que se realiza en ella: «Dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre» (Lc 2, 7). La acción de la Virgen es el resultado de su plena disponibilidad a cooperar en el plan de Dios, manifestada ya en la Anunciación con su «Hágase en mí según tu voluntad» (Lc 1, 38). María vive la experiencia del parto en una situación de suma pobreza: no puede dar al Hijo de Dios ni siquiera lo que suelen ofrecer las madres a un recién nacido; por el contrario, debe acostarlo «en un pesebre», una cuna improvisada que contrasta con la dignidad del «Hijo del Altísimo».

3. El evangelio explica que «no había sitio pare ellos en el alojamiento» (Lc 2, 7). Se trata de una afirmación que, recordando el texto del prólogo de san Juan: «Los suyos no lo recibieron» (Jn 1, 11), casi anticipa los numerosos rechazos que Jesús sufrirá en su vida terrena. La expresión «para ellos» indica un rechazo tanto para el Hijo como para su Madre y muestra que María ya estaba asociada al destino de sufrimiento de su Hijo y era partícipe de su misión redentora. Jesús, rechazado por los «suyos», es acogido por los pastores, hombres rudos y no muy bien considerados, pero elegidos por Dios para ser los primeros destinatarios de la buena nueva del nacimiento del Salvador. El mensaje que el ángel les dirige es una invitación a la alegría: «Os anuncio una gran alegría que lo será para todo el pueblo» (Lc 2 10), acompañada por una exhortación a vencer todo miedo: «No temáis». En efecto, la noticia del nacimiento de Jesús representa para ellos, como para María en el momento de la Anunciación, el gran signo de la benevolencia divina hacia los hombres. En el divino Redentor, contemplado en la pobreza de la cueva de Belén, se puede descubrir una invitación a acercarse con confianza a Aquel que es la esperanza de la humanidad. El cántico de los ángeles: «Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quienes él se complace», que se puede traducir también por «los hombres de la benevolencia» (Lc 2, 14), revela a los pastores lo que María había expresado en su Magníficat el nacimiento de Jesús es el signo del amor misericordioso de Dios, que se manifiesta especialmente hacia los humildes y los pobres.

4. A la invitación del ángel los pastores responden con entusiasmo y prontitud: «Vayamos, pues, hasta Belén y veamos lo que ha sucedido y el Señor nos ha manifestado» (Lc 2, 15). Su búsqueda tiene éxito: «Encontraron a María y a José, y al niño» (Lc 2, 16). Como nos recuerda el Concilio, «la Madre de Dios muestra con alegría a los pastores (...) a su Hijo primogénito» (Lumen gentium, 57). Es el acontecimiento decisivo para su vida. El deseo espontaneo de los pastores de referir «lo que les habían dicho acerca de aquel niño» (Lc 2, 17), después de la admirable experiencia del encuentro con la Madre y su Hijo, sugiere a los evangelizadores de todos los tiempos la importancia, más aún, la necesidad de una profunda relación espiritual con María, que permita conocer mejor a Jesús y convertirse en heraldos jubilosos de su Evangelio de salvación. Frente a estos acontecimientos extraordinarios, san Lucas nos dice que María «guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón» (Lc 2, 19). Mientras los pastores pasan del miedo a la admiración y a la alabanza, la Virgen, gracias a su fe, mantiene vivo el recuerdo de los acontecimientos relativos a su Hijo y los profundiza con el método de la meditación en su corazón, o sea, en el núcleo mas íntimo de su persona. De ese modo, ella sugiere a otra madre, la Iglesia, que privilegie el don y el compromiso de la contemplación y de la reflexión teológica, para poder acoger el misterio de la salvación, comprenderlo más y anunciarlo con mayor impulso a los hombres de todos los tiempos.

María en el nacimiento de Jesús
Catequesis mariana, Santo Padre Juan Pablo II
20 de noviembre de 1996